RSA se enfrentaba a retos cada vez mayores a la hora de gestionar un entorno PKI creciente y cada vez más complejo, basado en un mosaico de sistemas heredados y procesos manuales.
A medida que la empresa se expandía globalmente y se adaptaba a modelos de trabajo remotos e híbridos, sus capacidades de gestión de certificados luchaban por mantener el ritmo. La visibilidad limitada del estado de los certificados, junto con la incapacidad de automatizar las renovaciones en entornos distribuidos, provocó ineficiencias operativas y un mayor riesgo de interrupciones. La presión para modernizarse se vio amplificada por la necesidad de prepararse para la próxima generación de estándares criptográficos, incluida la preparación post-cuántica.
Para superar estas limitaciones, RSA buscaba una solución PKI centralizada y automatizada que pudiera escalar con su negocio, reforzar la confianza de los dispositivos y preparar su infraestructura de seguridad para el futuro.